Cuando era pequeña, tendría yo unos cuatro años, vivíamos en Las Cejas, en las afueras de San Francisco de Macoris. Por esos años, Papá tenía vacas, caballos, burros entre otros. Papá y Mamá eran buenos jinetes, igual salí YO, porque siempre me gustaron los caballos. Papá enviaba la leche todos los días al pueblo para ser vendida, y cuando regresaba el muchacho con el burrito de la ciudad, lo amarraba en un gazebo (que estaba afuera de la casa, cerca de la cocina) mientras le quitaba la carga de los contenedores de leche vacíos. Yo siempre esperaba ése momento para arrastrar una silla y subirme al lomo del burrito para que me llevara a donde estaba Papá trabajando con sus hombres.

"El burrito parece que estaba cansado y dijo: esta muchachita me tiene harto."

Observe y aprendí cómo ponerle el bozal al burrito. Ése día quise hacer lo de todos los días, y el burrito parece que estaba cansado y dijo: esta muchachita me tiene harto. Cuando fui a ponerle el bozal al burrito este se volteó y me tiró una patada que me pegó encima del corazón y caí boca arriba en el suelo. Mamá estaba en la cocina mirando y cuando vio eso salió corriendo, gritando “el burro me mató la muchacha “; pero no fue así. Buscaron a Papá y me llevaron al médico. Que susto, “pobre mamá“.